Pon tu corazón en marcha

La fibrilación auricular es un problema cardíaco en el que las aurículas del corazón no se contraen de forma normal, esto se debe a que la señal eléctrica que llega a éstas es irregular. De esta forma la contracción de las aurículas se produce de forma descoordinada con respecto a los ventrículos, originando un latido poco efectivo pudiendo y favoreciendo la coagulación de la sangre con el consiguiente riesgo de sufrir un trombo.

Estos trombos pueden ser de gran gravedad, incluso letales, especialmente si obstruyen una arteria coronaria, con el consiguiente paro cardíaco, o si llega al cerebro produciendo un infarto cerebral o ictus con consecuencias muy graves.

Otra consecuencia de la fibrilación auricular son las taquicardias, que es un aumento de la frecuencia cardíaca. Esto se debe a una mayor frecuencia de la señal eléctrica, pero desordenada, que pasa de las aurículas a los ventrículos dando lugar a arritmias.

Pero pese a todo esto el ejercicio físico tiene un papel muy importante ante esta complicación cardíaca. La actividad física favorece entre un 10% y un 37% la capacidad funcional del corazón para que trabaje de forma más eficiente, siendo capaz de movilizar más la sangre que hay dentro de sus cavidades e impidiendo que esta se estanque, lo que sumado a que durante la práctica regular de ejercicio se segregan sustancias antitrombóticas, el riesgo de padecer coágulos de sangre disminuye considerablemente.

Otro de los grandes riesgos en personas con afectación cardíaca es la tensión arterial y, es que está demostrado que la actividad física reduce ésta en hasta 7/6mm/Hg en las 24 horas posteriores a la última práctica deportiva, siendo valores muy significativos ya que reducciones de 5 mm/Hg disminuyen hasta un 14% el riesgo de mortalidad por ictus y un 9% enfermedades coronarias.

Te recomendamos que no realices un plan de entrenamiento de forma puntual o con un objetivo a corto o medio plazo, sino que éste lo incluyas en tus hábitos de vida y de forma permanente con el objetivo de mejorar tanto en la afectación cardíaca como en la condición física y calidad de vida.

Entrenamiento cardiovascular

Si te animas a empezar un programa de entrenamiento te recomendamos que acudas al médico, para que te hagan un chequeo completo y realices una prueba de esfuerzo máximo adecuada a tus condiciones particulares para que, de esta forma, conozcas desde qué condición física partes y sepas qué valores de frecuencia cardíaca no has de superar.

La actividad física la has de hacer siempre bajo supervisión profesional sobre las indicaciones que ha dado tu médico tras la prueba de esfuerzo y siempre monitorizando la frecuencia cardíaca con un pulsómetro para prevenir cualquier posible riesgo. De esta forma el profesional de la actividad física te enseñará a conocerte y dar pautas para que puedas realizar actividad física de forma más autónoma.

Si por el contrario prefieres hacer ejercicios de fuerza, te recomendamos que primeramente los hagas bajo supervisión profesional en la que te expliquen qué movimientos has de realizar, con qué material y la estructura de la sesión. Pese a ello te adelantamos que la duración de la sesión inicialmente ha de durar aproximadamente unos 20 minutos y realizarla con una frecuencia de 2 días a la semana.

Si durante la sesión de entrenamiento sentimos un aumento de la sensación de falta de aire, dolor en el pecho, palpitaciones o mareo deberemos dejar de seguir con la sesión de entrenamiento. Si esa sensación persiste se ha de avisar a los servicios de urgencias. Si desaparecen al poco, coméntaselo a tu médico y a tu entrenador para que te asesoren sobre el tema y reajusten tus entrenamientos.